Fracking en México: qué propuso Claudia Sheinbaum y que falta saber.

México anuncia fractura hidráulica para reducir dependencia del 75% de gas importado. Un comité científico tiene dos meses para decir si es viable.

9 de abril de 2026 · Redacción El Camaleón + IA

El “fracking no tradicional” que propone Sheinbaum: qué es, qué países lo usan y si realmente reduce los riesgos

El 8 de abril de 2026, el gobierno de Claudia Sheinbaum anunció un giro significativo en la política energética de México: la posible extracción de gas natural de yacimientos no convencionales mediante fractura hidráulica, con la condición de usar tecnologías que reduzcan el impacto ambiental. Para entender qué significa esto en la práctica, hay que separar la terminología política de la técnica. Y hay que leer el anuncio por lo que es: una propuesta condicionada a un dictamen científico que aún no existe.


¿Qué pasó?

El gobierno federal anunció que analiza explotar fuentes “no convencionales” de gas natural mediante fractura hidráulica. La presidenta evitó pronunciar la palabra “fracking” y habló de extracción “sustentable”, pero el mecanismo físico que describió el director de Pemex — perforación vertical y horizontal con inyección de agua y arena a presión — es precisamente eso.

Sheinbaum fue directa sobre la lógica: “Todo el gas que importamos viene de un tipo de explotación que tiene impactos ambientales y está a 100 metros de la frontera mexicana.”

Cuando Texas perfora un pozo horizontal a kilómetros de la frontera e inyecta presión para fracturar roca en una formación que geológicamente continúa del lado mexicano, existe presión de extracción que puede —dependiendo de la permeabilidad de la formación y la distancia— drenar gas que de otro modo permanecería en territorio mexicano.

No es “robo” en sentido jurídico porque no hay tratado que lo prohíba en tierra. Pero en términos prácticos el efecto es equivalente: México está sentado sobre recursos que se están depletando parcialmente desde el otro lado de la frontera, sin extraer ni un peso de beneficio por ellos.

El anuncio representa un cambio de postura respecto a compromisos anteriores. En febrero de 2024, durante su campaña, Sheinbaum prometió no permitir el fracking — en línea con la postura de López Obrador, quien lo había prohibido como parte de su política energética.

El anuncio ocurrió el 8 de abril de 2026 en Palacio Nacional y fue reforzado el 9 de abril en la conferencia matutina. Los yacimientos en cuestión se ubican principalmente en el noreste del país, en las cuencas de Sabinas-Burro Picachos y Burgos, en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, y también en Tampico-Misantla, que abarca Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo y Puebla.


Qué hay detrás del anuncio: el diagnóstico de dependencia

Los números explican la urgencia. México consume 9,000 millones de pies cúbicos de gas natural al día, de los cuales apenas 2,300 millones produce Pemex. El resto — 6,800 millones, equivalente al 75% — se importa, principalmente de Texas (80%) y California (20%). México es el mayor comprador individual de gas natural estadounidense en el mundo.

El IMCO documenta una caída del 70% en las reservas probadas de gas en las últimas dos décadas. La demanda, en cambio, seguirá creciendo: la secretaria de Energía, Luz Elena González, estimó un aumento del 30% hacia el final del sexenio, impulsado por la generación eléctrica, la industria y los Polos de Desarrollo.

La meta del gobierno: elevar la producción nacional de 2,300 millones de pies cúbicos diarios a 5,800 millones al cierre del sexenio y a más de 8,300 millones para 2035, incluyendo yacimientos no convencionales. Según Pemex, México cuenta con recursos prospectivos de gas no convencional por 141,494 millones de millones de pies cúbicos — 70% más que los convencionales.

El potencial económico en cifras: El gas natural que México importa tiene un costo aproximado de 2 a 3 dólares por millar de pies cúbicos en el mercado de Texas. Con 6,800 millones de pies cúbicos diarios de importación, México gasta entre 5,000 y 7,500 millones de dólares anuales en gas externo, según estimaciones del sector. Reducir esa dependencia a la mitad representaría un ahorro de entre 2,500 y 3,700 millones de dólares anuales — sin contar el efecto multiplicador sobre la industria que usa ese gas como insumo.


Qué propone exactamente el gobierno — y en qué se diferencia del fracking tradicional

La distinción que hace Sheinbaum no es solo cosmética, pero tampoco elimina los riesgos de raíz. El fracking convencional inyecta agua mezclada con decenas de compuestos químicos a alta presión para fracturar la roca. Los problemas principales son dos: el volumen de agua dulce consumido — que puede llegar a millones de litros por pozo — y la dificultad para recuperar y tratar esa agua contaminada.

Lo que el gobierno evalúa como alternativa incluye tres líneas: uso de agua salada o residual en lugar de agua potable, empleo de compuestos biodegradables en lugar de los químicos convencionales, y sistemas de reciclaje del agua utilizada. La presidenta fue explícita: “¿Vamos a utilizar el agua potable? No.”

Lo que la tecnología global ofrece como alternativas:

Más allá de un nombre como “fracking sustentable”, existe un conjunto de técnicas desarrolladas principalmente en Canadá, China y Europa que reducen o eliminan el agua del proceso:

Fractura con LPG (Gas Licuado de Petróleo / propano): Desarrollada en Canadá desde 2008 por GasFrac Energy Services. Usa propano en lugar de agua, eliminando el riesgo de contaminación de acuíferos y generando tasas de recuperación más altas porque el propano se convierte en gas dentro del pozo. La desventaja: es más cara y requiere monitoreo riguroso por el riesgo de explosión.

Fractura con CO₂ supercrítico: Investigada intensamente por la Academia China de Ciencias y la Universidad de Petróleos de Beijing. El CO₂ supercrítico crea redes de fracturas más complejas con menor presión de iniciación, elimina el agua del proceso y puede combinarse con almacenamiento geológico de carbono. Según investigaciones publicadas en la revista Joule, supera al agua en eficiencia de fractura. Todavía en fase de desarrollo a escala industrial.

Fractura con nitrógeno y espumas: Usada comercialmente por Halliburton y Baker Hughes. Reduce el uso de agua entre 70% y 95% utilizando espumas con nitrógeno o CO₂ como agente interno. Ya opera en múltiples cuencas de Norteamérica.

Tecnología Octopus (Europa): Desarrollada por Octopus Completions con financiamiento de la Comisión Europea. En lugar de fracturar la roca, perfora cientos de “micro laterales” simultáneamente desde un pozo madre, sin inyección de fluidos a presión. Elimina el riesgo sísmico y la contaminación de agua. Está en fase de validación comercial.

Ninguna de estas tecnologías es de uso masivo comparable al fracking convencional en escala y costo. Pero el comité científico de Sheinbaum — que ya revisó literatura de Texas, California y Canadá — tiene acceso a todas ellas.


El mandato del comité: lo que falta saber antes de publicar esta nota

El comité científico, cuyos integrantes serán presentados el 16 de abril, tiene dos meses para emitir sus recomendaciones. Incluye especialistas de la UNAM, el IPN y distintos centros de investigación en agua, geotermia, geología, geofísica y residuos peligrosos.

Qué debe responder el comité antes de que el gobierno tome una decisión:

La presidenta condicionó el avance al dictamen: “Vamos a ver si técnicamente es posible hacerlo sin los impactos ambientales que tenía el fracking.” Eso significa que la decisión no está tomada — está anunciada como posible. Si el comité concluye que las tecnologías disponibles no son suficientemente seguras para las condiciones geológicas e hídricas del noreste mexicano, el proyecto se detiene. O debería.


Señales que generan dudas

Sobre la terminología. Sheinbaum evitó la palabra “fracking”, pero el mecanismo físico es el mismo: inyectar fluido a presión para fracturar roca. Los riesgos de sismicidad y contaminación subsuperficial no desaparecen por cambiar el tipo de químico.

Sobre la sismicidad inducida. La fractura hidráulica genera dos tipos de eventos sísmicos. Los microsismos habituales por propagación de fracturas, y eventos sísmicos mayores — poco frecuentes pero posibles — cuando hay fallas que acumulan tensiones. La buena noticia específica para México es que las cuencas del noreste se ubican en zonas de baja sismicidad natural. Eso contextualiza el riesgo, pero no lo elimina.

Sobre el reciclaje del agua. El reciclaje del agua de retorno es un proceso lento y no siempre eficaz. Requiere sustancias adicionales y el agua solo puede reciclarse hasta cierta concentración de sólidos disueltos. Algunas plantas de tratamiento no pueden eliminar grandes cantidades de sólidos disueltos.

Sobre el empleo. La industria de fracking genera empleos directos e indirectos, pero la relación entre número de pozos y empleos es debatida. La experiencia estadounidense muestra que el “boom del shale” generó alrededor de 550,000 empleos locales atribuibles directamente a la actividad — una cifra significativa pero menor a las proyecciones de la industria. En México, sin operadores privados con experiencia y sin infraestructura preexistente, las estimaciones de empleo son prematuras.


Contexto: qué han hecho otros países

Estados Unidos casi duplicó su producción de gas natural entre 2008 y 2026, pasando de 60 a 119,000 millones de pies cúbicos diarios, convirtiéndose en el mayor productor del mundo. El fracking en formaciones de lutita (shale) fue el motor. La contraparte documentada: episodios de sismicidad inducida en Ohio y Texas, y casos de contaminación de acuíferos investigados por autoridades estatales.

Argentina opera Vaca Muerta, uno de los yacimientos no convencionales más grandes de América Latina. Las empresas operadoras implementaron un sistema de “semáforo sísmico” que detiene o reduce las inyecciones cuando los sensores detectan actividad sísmica por encima de umbrales predefinidos. Es el modelo de regulación más relevante para México.

Canadá desarrolló marcos regulatorios de control de sismicidad inducida más detallados que los de EE.UU., con protocolos de “stop and assess” obligatorios. El comité científico de Sheinbaum ya revisó esa literatura.

China es hoy el cuarto productor mundial de gas de shale y lidera la investigación en fractura con CO₂. Sus cuencas de Sichuan presentaron sismicidad inducida documentada, incluyendo un sismo de magnitud 5.7 en 2019. La respuesta regulatoria china incluyó monitoreo sísmico en tiempo real y ajuste de presiones de inyección.


Interpretación: hechos vs. suposiciones

Verificado: México importa el 75% del gas que consume. Hay gas en yacimientos no convencionales en el noreste. La fractura hidráulica siempre implica algún riesgo de sismicidad inducida y contaminación subsuperficial. Pemex no tiene experiencia en esta técnica. Existen alternativas tecnológicas que reducen el uso de agua, pero ninguna está probada a escala industrial comparable al fracking convencional.

La propuesta es energéticamente racional dado el contexto de dependencia. La distinción entre “fracking tradicional” y un supuesto “fracking sustentable” describe mejoras reales pero no elimina los riesgos intrínsecos. El comité científico tiene el mandato de determinar si las alternativas tecnológicas son viables para México, no de avalar la decisión: si concluyen que no lo son, el proyecto debería detenerse.

Que México pueda alcanzar los 8,300 millones de pies cúbicos diarios de producción para 2035 depende de factores no resueltos y es solo una especulación: : la conclusión favorable del comité, la inversión privada, la capacidad técnica de Pemex, la certidumbre jurídica para operadores extranjeros y la ausencia de oposición social en las zonas de extracción. Ninguno de esos factores es una certeza hoy.


Resumen simple

México compra el 75% del gas natural que usa a Estados Unidos, gastando entre 5,000 y 7,500 millones de dólares al año en esas importaciones. Para reducir esa dependencia, el gobierno de Sheinbaum quiere extraer gas de rocas profundas en el noreste del país con una versión más limpia de la fractura hidráulica: sin agua potable, con químicos menos dañinos y con agua reciclada. Hay tecnologías que van en esa dirección — con propano, CO₂ o espumas — pero ninguna probada a la escala que México necesita. Un grupo de científicos tiene hasta junio de 2026 para decir si es viable. Si dicen que sí, el proyecto avanza. Si dicen que no, debería detenerse. Esa respuesta aún no existe.


Fuentes

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