EU: el clima que pone en riesgo el voto de mujeres

Líderes religiosos y la machosfera impulsan un discurso contra el voto femenino en EU, mientras la SAVE Act amenaza a mujeres casadas.

Resumen

Un sector de líderes religiosos, activistas e influencers en Estados Unidos promueve abiertamente la idea de que las mujeres deben volver a una posición de subordinación, un discurso que circula en redes bajo la etiqueta de la machosfera. En paralelo, un proyecto legislativo respaldado por el Partido Republicano —la llamada SAVE Act— exige comprobante documental de ciudadanía para registrarse a votar, lo que afectaría de forma desproporcionada a millones de mujeres casadas que cambiaron su apellido. No existe evidencia de que ambos fenómenos respondan a un plan coordinado, pero comparten un mismo clima cultural y político. Para América Latina, donde el machismo tiene raíces profundas y la machosfera ya organiza eventos presenciales, el caso estadounidense funciona como una advertencia más que como una noticia ajena.

Desarrollo de la información

El detonante de la conversación en redes durante las últimas semanas fue la difusión de mensajes de figuras como el predicador Dale Partridge, quien afirmó en la plataforma X que las mujeres “deben volver a la sumisión masculina bíblica”, enmarcando los derechos conquistados por las mujeres como causa de males sociales que enumeró: aborto, caída de las tasas de matrimonio y depresión, entre otros. El mensaje fue amplificado por cuentas en español que lo presentaron como evidencia de que “peligra el voto de las mujeres en Estados Unidos”.

Partridge no es una voz aislada. Su discurso coincide con el del pastor Doug Wilson, vinculado al movimiento del nacionalismo cristiano, con el del activista de ultraderecha Nick Fuentes —quien ha llegado a pedir la derogación de la enmienda que otorgó el voto a las mujeres— y con planteamientos como los de la escritora conservadora Helen Andrews. Se trata de un ecosistema difuso de creadores de contenido, predicadores y comentaristas que defienden roles de género tradicionales y presentan la masculinidad como una identidad amenazada por el feminismo.

Ese clima discursivo coexiste con un mecanismo institucional concreto. La Cámara de Representantes aprobó en abril de 2025 la Safeguard American Voter Eligibility Act, conocida como SAVE Act, que obligaría a presentar prueba documental de ciudadanía —pasaporte, acta de nacimiento o documento de naturalización— al registrarse para votar en elecciones federales. Una versión ampliada, la SAVE America Act, fue aprobada por la Cámara el 11 de febrero de 2026 por 218 votos contra 213. Ninguna de las dos ha sido aprobada por el Senado, por lo que ninguna es ley vigente al momento de esta publicación.

¿Qué dicen las fuentes?

El proyecto no menciona explícitamente a las mujeres casadas. Según la cobertura de NPR, el texto establece que los estados deben crear procesos para aceptar documentación adicional cuando exista una discrepancia en los documentos del votante. El problema señalado por organizaciones de defensa del voto es de orden práctico: el Center for American Progress estima que 84% de las mujeres que se casan cambian su apellido, lo que significa que hasta 69 millones de mujeres en Estados Unidos no tienen un acta de nacimiento que coincida con su nombre legal actual.

El autor del proyecto, el representante republicano de Texas Chip Roy, ha rechazado esas preocupaciones. En declaraciones recogidas por FactCheck.org, calificó el temor de que las mujeres casadas no puedan registrarse como “especulación absurda de sillón”, y sostuvo que el proyecto ofrece múltiples vías para comprobar la ciudadanía y ordena a los estados establecer un proceso para resolver discrepancias por cambios de nombre. La cobertura de Votebeat documenta que en Nueva Hampshire, donde ya entró en vigor un requisito similar de prueba de ciudadanía, algunos residentes encontraron obstáculos al intentar registrarse por no tener documentación que coincidiera con su nombre legal, aunque no está claro cuántas personas resultaron afectadas.

Sobre el comportamiento electoral de las mujeres, los datos respaldan parcialmente la idea de que tienden a favorecer a los demócratas, pero con matices importantes. De acuerdo con el Center for American Women and Politics de la Universidad Rutgers, en cada elección presidencial desde 1980 ha existido una brecha de género de entre cuatro y doce puntos, con una mayor proporción de mujeres que de hombres prefiriendo al candidato demócrata. En 2024, según AP VoteCast, Trump ganó el voto masculino por doce puntos mientras Harris ganó el femenino por seis. Sin embargo, esa brecha no es uniforme: una pequeña mayoría de mujeres blancas votó por Trump, mientras que el bloque más sólido para los demócratas fueron las mujeres negras, con cerca de nueve de cada diez votando por la fórmula Harris-Walz.

¿Por qué importa para América Latina?

El interés de esta historia para la región no está en la legislación estadounidense, que no aplica fuera de ese país, sino en el fenómeno cultural que la rodea. La machosfera dejó de ser un nicho marginal de foros en internet para convertirse en una red de influencers, plataformas y economías de atención que difunden discursos antifeministas y reaccionarios, frecuentemente vinculados a la extrema derecha.

Ese fenómeno ya tiene presencia física en México. En abril de 2026 se realizó en Guadalajara el “Fearless Congress”, presentado como el mayor congreso de masculinidades de América Latina, con la participación de figuras como el psicólogo Jordan Peterson y el actor y político Eduardo Verástegui. El Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer se pronunció en contra, al considerar inaceptable destinar recursos públicos a espacios que reproducen estos discursos, en un estado donde hay más de 16,000 personas desaparecidas. Investigaciones académicas sobre Argentina y otros países de la región documentan que estas narrativas tienen particular penetración entre adolescentes y se articulan con el ascenso de la ultraderecha local.

Señales que generan dudas

La principal cautela al leer esta historia es la tendencia a fusionar dos cosas distintas. El discurso de predicadores e influencers que piden la “sumisión” de las mujeres es un fenómeno cultural y de opinión; no equivale a una política de Estado. Hasta ahora no existe ninguna declaración del presidente Trump ni de la Casa Blanca como institución proponiendo eliminar el voto femenino o instaurar un sistema de “un voto por familia”. Atribuir esa intención a la Presidencia, con base en mensajes de figuras religiosas o de la machosfera, sería un salto no documentado.

Verificación de la información

Verificado:

  • La SAVE Act (H.R.22) fue aprobada por la Cámara de Representantes en abril de 2025 y la SAVE America Act por la Cámara el 11 de febrero de 2026; ninguna es ley vigente.
  • El proyecto exige prueba documental de ciudadanía para registrarse a votar y no menciona explícitamente a las mujeres casadas.
  • El Center for American Progress estima que hasta 69 millones de mujeres no tienen acta de nacimiento con su nombre legal actual.
  • Chip Roy calificó la preocupación como “especulación absurda de sillón”.
  • Existe una brecha de género consistente desde 1980; en 2024 Harris ganó el voto femenino por seis puntos según AP VoteCast.
  • El “Fearless Congress” se realizó en Guadalajara en abril de 2026 con Peterson y Verástegui, y fue rechazado por el CLADEM.
  • Dale Partridge, Doug Wilson, Nick Fuentes y Helen Andrews han difundido discursos contra los derechos de las mujeres.

Razonablemente inferible:

  • La SAVE Act, de aprobarse, afectaría de forma desproporcionada a mujeres casadas que cambiaron su apellido, por la dificultad de hacer coincidir su documentación.
  • El discurso de la machosfera y los requisitos de registro responden a un mismo clima político conservador, aunque sin coordinación demostrada.

Suposiciones no verificadas:

  • Que existe “una línea desde la Presidencia” para eliminar el voto femenino o imponer “un voto por familia”. No hay declaración oficial que lo respalde.
  • Que la machosfera influyó directamente en la redacción de la SAVE Act.
  • Que el propósito declarado de la SAVE Act sea impedir el voto de las mujeres; sus impulsores lo presentan como medida contra el voto de no ciudadanos.

Fuentes

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