
Autor: Roberto Viesca (@robviesca)
En la actualidad, se calcula que hay más de 100 conflictos en el mundo, desde posiciones nacionalistas, armamentistas, terroristas, entre otros. La mayoría de estos conflictos se libran entre agentes no estatales (milicias o grupos terroristas, solo para ejemplificar) pasando por tensiones regionales, crisis económicas, debilidad del Estado de derecho, ausencia de instituciones estatales, escasez de recursos, etc.
En teoría, lo anterior debiera haberse erradicado bajo el supuesto de una institucionalidad universal auspiciado por las Naciones Unidas y el derecho internacional humanitario consagrado en los Convenios de Ginebra de 1949, donde, en lo escrito, tratan de minimizar el sufrimiento humano y resguardar las acciones colectivas en la protección de la población civil.
Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), más de 204 millones de personas viven actualmente en zonas bajo control de grupos armados. Además, los conflictos se han intensificado en diversas áreas del planeta: Palestina-Israel (por ser uno de los más mediáticos), Ucrania-Rusia, Sudán-Sudán del Sur, Pakistán-India, Tailandia-Camboya, Myanmar-Bangladesh, Ruanda-República Democrática del Congo, Etiopía-Eritrea, Yemen, Somalia, Haití o en el Sahel (Mali, Burkina Fasso y Níger).
Por otro lado, la incertidumbre en los conflictos internacionales, en algunos casos, ha tenido una relación clara con el vuelco de las potencias sobre sus áreas de influencia “naturales”, es decir, países como Estados Unidos, China o Rusia regresan a su interés geopolítico, geoestratégico y geoeconómico en sus espacios de influencia allende a sus fronteras como es el caso de América Latina, Taiwán o el este europeo, respectivamente.
Para ilustrar mejor el caos internacional en el que vivimos, es menester señalar algunos ejemplos. Asia y África son las dos regiones que registran la mayor cantidad de conflictos armados y de refugiados y desplazados, lo que representa una crisis humanitaria histórica. Casos como los de Sudán del Sur, donde más de 30 millones de personas necesitan asistencia y más de 10 millones son desplazados a causa de la guerra civil (desde prácticamente su independencia en 2011) entre el ejército nacional y los rebeldes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF)[1] concentrados en las localidades de Darfur o Kordofán.
Siguiendo con África, el Sahel presenta otro tipo de conflicto. Desde el 2020, esta región ha sufrido golpes de Estado continuos que desestabilizan, de por sí, la débil concepción del Estado-nación y han concentrado el poder en juntas militares nacionalistas y anticolonialistas que reclaman la autodeterminación y el fin de la presencia francesa en lo político y en lo económico (esto sería lo positivo en este caso). Incluso, estos gobiernos han tenido que rivalizar con los grupos yihadistas en Malí como la Jama´a Nusrat ul Islam wa al-Muslimin (JNIM) o los grupos armados en Somalia como Al
[1] “Las Fuerzas de Apoyo Rápido son una fuerza paramilitar independiente que, hasta el conflicto actual, combatía en nombre del gobierno de Sudán junto con las Fuerzas Armadas de Sudán. De hecho, las Fuerzas de Apoyo Rápido tienen su origen en la tristemente célebre milicia yanyawid, fundada hace más de 20 años por el expresidente de Sudán, Al Bashir, para aplastar rebeliones en Darfur. Desde entonces, los yanyawid y las Fuerzas de Apoyo Rápido, aliados con las Fuerzas Armadas de Sudán, han llevado a cabo campañas de violencia étnica contra comunidades darfuríes.” Amnistía Internacional, https://www.amnesty.org/es/projects/sudan-conflict/ [consultado el 12 de mayo de 2025] Shabaab; Boko Haram en Nigeria o Al-Sunnah wa-Jamah en Mozambique, solo por mencionar algunos.[1]
De igual forma en Asia, los conflictos regionales contienen en su seno, rivalidades históricas religiosas, políticas y étnicas. Uno de los casos más mediáticos es Siria, donde Ahmed al Sharaa (antiguo terrorista buscado por la CIA y ahora íntimo aliado de Trump) sigue tratando de pacificar el país entre los ejércitos gubernamentales, los rebeldes y los kurdos. En el caso de Pakistán-India-Afganistán, el grupo considerado terrorista Tchrik-e Taliban Pakistan (TTP)[2] es acusado desde el gobierno pakistaní de estar protegido por el gobierno talibán en Afganistán.
Y solo por destacar otro conflicto en el sudeste asiático, Myanmar, país principalmente budista y étnicamente diverso (como los casos anteriores) después del golpe de Estado en 2021, celebró comicios electorales en 2025 en un contexto marcado por una guerra civil activa con más de 3.6 millones de desplazados, entre ellos, un millón de desplazados del pueblo rohingya (de origen musulmán) hacia Bangladesh en campos de refugio, tal como Kutupalong, en la localidad de Cox´s Bazar, donde, según, la Agencia de la ONU para Refugiados (ACNUR) es el campo de refugiados más grande del mundo.
De esta manera, se pretende mostrar y ejemplificar algunos conflictos y sus consecuencias de los muchos que existen en el mundo actualmente.
